sábado, 20 de abril de 2019 |Hora: : :

CONICET


“En la era de la globalización vacunarse es un acto solidario, sin discusión”

Fecha Publicación: 08/04/2019  10:30 

La Doctora Daniela Hozbor, Investigadora Principal del CONICET, advierte sobre el riesgo de atacar al uso de las vacunas y la re-aparición de patologías controladas o incluso eliminadas

Después del agua potable, el beneficio de la vacunación es lo que más ha logrado disminuir la mortandad en el mundo, según registros de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde que se utilizó por primera vez, en el siglo XVIII (Edward Jenner 1749-1823) contra una enfermedad devastadora llamada viruela, todos los años gracias a la vacunación se salvan entre 2 y 3 millones de vidas.
 
“En Argentina, la detección del último caso de sarampión autóctono en el 2000 y  la disminución de las muertes de bebés por tos convulsa en los últimos años, constituyen ejemplos contundentes.” La Dra. Daniela Hozbor, Investigadora Principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) trabaja en el área de la Vacunología en el Instituto de Biotecnología y Biología Molecular (IBBM, CONICET-UNLP).  Es, además, Profesora Titular en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de la Plata (UNLP). “La inmunización a través de las vacunas es una de las intervenciones de salud más exitosas y una de las maneras más efectivas de salvar vidas y prevenir enfermedades. Desde la primera vacuna hace 200 años, junto con los desarrollos posteriores y el lanzamiento mundial del Programa Ampliado de Inmunización (PAI) en 1974, se han prevenido millones de muertes y discapacidades”.
 
Como programa de inmunización regional, el PAI, fue responsable de la reducción de la mortalidad infantil en América Latina y el Caribe en los últimos años.  Se fijaron metas en relación al control de seis enfermedades prioritarias: las formas severas de tuberculosis, la poliomielitis, la difteria, la tos ferina o pertusis, el tétanos y el sarampión.  Los logros son atribuibles a la vacunación, y permitieron en base a los resultados, poder fijar nuevas metas ampliadas que apuntaron a eliminar la rubéola y el síndrome de rubéola congénita. La OMS, integradada por 196 países, coordina el Reglamento Sanitario Internacional el cual permite evalúar, detectar y notificar asuntos de salud pública a nivel internacional unificando criterios de medidas a adoptar en aeropuertos, puertos, y pasos fronterizos terrestres para delimitar la propagación de riesgos sanitarios.
 
El impacto de no usar a las vacunas es fácil de visualizar. “Podemos considerar el caso relativamente reciente en el estado de Indiana, EEUU, en 2005, una niña que no estaba vacunada, regresa de un viaje infectada de sarampión provocando el contagio de otros niños que no habían sido vacunados, ya que sus padres creían que la vacuna era peligrosa para sus hijos. El sarampión, se había llegado a considerar patología eliminada en la región de las Américas, pero en cuanto se baja la cobertura de vacunación, vuelve a introducirse”, explica la investigadora mencionando también el caso de un país de Europa, Italia, donde “en sólo un año, 2017, el número de casos de sarampión aumentó a 5.600, cuando el año anterior se habían registrado 843 casos. Italia tuvo la tercera tasa de sarampión per cápita más alta de Europa después de Rumania y Grecia que son países con menos recursos”. Si bien se trata de un país que introdujo la vacuna del sarampión en el año 1976 y que fue aumentando constantemente su cobertura hasta un 90% en 2003, en 1999 alivió la obligación en vacunación porque, paradójicamente, “se había creído erróneamente que se había arraigado la confianza en la ciencia y las vacunas” advierte la Dra. Hozbor.
 
“Los efectos benéficos de las vacunas, sin embargo, se pueden observar solo si un muy alto porcentaje (>90%) de la población en riesgo – y/o la fuente de contagio de los más vulnerables -está vacunada. Una vacuna no sólo protege al individuo sino también a la comunidad, ya que al no enfermarse el individuo la posibilidad de trasmisión de la enfermedad desaparece. Protegerse para protegernos. Es por ello que vacunarse es un acto solidario sobre el que no debe haber discusión “. En ese contexto, añade, “es fácil comprender que los beneficios de la vacunación se logran al alcanzar y mantener las coberturas altas de vacunación. La inversión en vacunas por parte de los estados representa una de las estrategias costo-efectivo más clara. Es por ello que las vacunas son gratuitas y obligatorias “.
 
Lo cierto es que el carácter “obligatorio” del Calendario Nacional de Vacunación apunta al interés general y al impacto sobre el colectivo no sólo el individuo. “Obviamente que, para alcanzar coberturas altas de vacunación, se debe contar con campañas de divulgación de información basada en evidencia permanentes, facilidad de acceso y disponibilidad de vacunas”, enfatiza la Dra. Hozbor y explica que “el regreso de la circulación del virus endémico del sarampión, registrados en los últimos dos años en la región de las Américas, así como los brotes actuales, son una muestra de que existen brechas en la cobertura de vacunación en donde los movimientos anti-vacunas llevan parte de la responsabilidad. Estas brechas se deben cerrar de forma urgente, con difusión de información contrastable, campañas activas y leyes de vacunación se puede hacer frente a estas amenazas contra las vacunas y la calidad sanitaria de la población”. Según la Dra., es muy importante tener en cuenta que la vacuna es un producto muy cuidado. Su instalación y validez en el calendario oficial involucra un periodo de aproximadamente 10 a 15 años de investigación y evaluación. Los científicos participan fuertemente en el hallazgo de potenciales candidatos vacunales, en su caracterización, en las etapas pre-clínica, evaluando su seguridad y capacidad inmunogénicas. Desde que la vacunación comenzó a practicarse, a fines del siglo XVIII, han existido oponentes, que entre otras cosas alegan que no funcionan, que son peligrosas y/o cuestionan que las políticas públicas de salud violan derechos individuales y religiosos. “Estos movimientos que se oponen a las vacunas y a la vacunación, siembran dudas en la población sobre los efectos benéficos de las vacunas a través de divulgación de información no contrastable, a-científica e irracional. Con ello logran que algunos individuos no se vacunen o dejen de vacunarse. Particularmente cobraron impulso a raíz de la publicación de un estudio que pretendía asociar la vacuna del sarampión como posible motivo del autismo (trastorno neurológico del desarrollo)”.
 
En 1998, la revista The Lancet publicó dicho informe fraudulento que hizo que miles de padres de familia dejaran de vacunar a sus hijos por miedo a estas secuelas. El estudio publicado refería a un número muy reducido de niños: tan sólo una docena. Posteriormente a la publicación, se llevó a cabo una investigación que inició el Consejo Médico General (GMC) del Reino Unido por mala praxis contra los autores, Wakefield y sus colegas. La misma comprobó que no sólo habían sometido durante la investigación a varios niños autistas a procedimientos médicos invasivos e innecesarios (como colonoscopías y punciones lumbares), sin la necesaria aprobación de un comité de ética, sino que, además, planeaban lanzar una empresa en respuesta a la alarma contra la vacuna triple vírica, que lucraría con nuevos exámenes médicos y “análisis motivados por litigios”. La distorsión de los datos presentados en aquel artículo y una docena de estudios con un número de individuos mayor muestran de manera concluyente que no hay ninguna asociación entre dicha vacuna y el autismo por lo que quedó desacreditado el artículo y autor principal del mismo.
 
La OMS catalogó en el 2019 catalogó a éstos grupos de radicales anti-vacunas como una de las principales amenazas a la salud mundial.
 
“Las consecuencias negativas en la sanidad de la población de las acciones de éstos movimientos lamentablemente han sido graves y se están evidenciando”, sentencia Hozbor y remarca por ello, la importancia en relación a la Ley de Vacunas sancionada en 2018 en Argentina. La misma reemplaza a la Ley 22.909 de 1983. “Hoy afortunadamente, contamos en Argentina con una nueva ley de vacunas. Es el Estado el que tiene la responsabilidad de mantener actualizado el calendario de vacunación y promover su efectivo cumplimiento. La Ley declara de interés nacional a todo lo que refiere a la vacunación, es decir a la investigación, vigilancia epidemiológica, toma de decisiones basadas en la evidencia, adquisición, almacenamiento, distribución y provisión de vacunas, asegurando su cadena de frío, como así también su producción. Quedan establecidas y renovadas las características de gratuidad en el acceso a los servicios de vacunación con equidad social para todas las etapas de la vida y la obligatoriedad de aplicarse las vacunas para todos los habitantes. Resta que la Ley se ponga en práctica y se cumpla”, concluyó.




Fuente: (CONICET)

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