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Universidad de Buenos Aires


Los maíces nativos en riesgo vuelven al pago

Fecha Publicación: 15/05/2019  09:30 

Un proyecto en conjunto de dos facultades de la UBA recuperó y reintrodujo en el sitio arqueológico Pucará de Tilcara, provincia de Jujuy, 22 variedades de este cultivo nativas del NOA: Plantean un rescate para la diversidad genética, cultural y culinaria
 
 
Desde hace décadas, docentes de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) buscan valorizar los maíces nativos de la Argentina, cuya diversidad, consumo y producción se fue perdiendo con el tiempo. Hoy, junto con la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA (FFyL) apuntan a redoblar la apuesta: además de colectar y conservar las semillas, comenzaron a sembrarlas y multiplicarlas en el sitio arqueológico Pucará de Tilcara, en Jujuy, la provincia de donde son originarias. Ya reintrodujeron 22 variedades del cultivo y buscan interesar a organizaciones campesinas, productores y restaurantes para que las vuelvan a utilizar.
 
Los trabajos llevados a cabo con maíces originarios en la FAUBA fueron liderados por el profesor Julián Cámara Hernández, reconocido entre los ‘Grandes Maestros de la UBA’. Durante 40 años, Cámara Hernández se dedicó a viajar a las provincias de Misiones, Formosa, Catamarca y Jujuy, entre otras, para recolectar, registrar y estudiar variedades originarias, desde sus distintas morfologías y características genéticas hasta los usos, prácticas de manejo y roles en la cultura. Así se lograron conservar más de 30 razas nativas.
 
“Gracias al trabajo de Cámara Hernández, en la FAUBA teníamos una gran colección de maíces nativos del NOA en el Laboratorio de Recursos Genéticos Vegetales ‘N. I. Vavilov’. Pero como este es un sitio destinado al estudio sistemático de semillas y no tanto a su conservación a largo plazo, muchos de estos materiales estaban perdiendo poder germinativo. Aunque sabíamos que para evitar perder este trabajo de tantos años, teníamos que sembrar los granos y obtener otros nuevos, en la FAUBA las plantas provenientes del NOA no se desarrollaban bien”, contó Pablo Rush, docente de la cátedra de Genética y Secretario de Extensión de la FAUBA.
 
Ante esta situación, los docentes de la FAUBA establecieron un contacto con la FFyL, que posee una sede en la provincia de Jujuy donde se trabaja desde hace seis años en la preservación de maíces nativos. “En una jornada de extensión nos contaron que producían diversas variedades en la base del sitio arqueológico Pucará de Tilcara, ubicado en la Quebrada de Humahuaca, para difundirlas en las comunidades locales, pero que estaban teniendo problemas para mantener la pureza de cada variedad. Entonces vimos la oportunidad de trabajar en conjunto y llevamos los granos que conservábamos en nuestro laboratorio”.
 
“Combinamos el material que tenía cada institución y ya sembramos 22 variedades nativas de maíces que tienen diferentes colores, tamaños y formas. En este sentido, esperamos que el Pucará se convierta en un lugar de multiplicación y distribución de maíces nativos. Nos gustaría acercar las semillas a las comunidades locales y por ello también es fundamental conformar una red con organizaciones presentes en territorio”, resaltó Rosario Dassen, integrante de la Coordinación del Centro Universitario Tilcara de la FFyL de la UBA.
 
Las variedades que ya se sembraron en el marco del proyecto son: Amarillo chico, Amarillo grande, Azul, Bolita, Capia azul, Capia blanco Tilcara, Capia blanco, Capia púrpura, Capia rosado, Chulpi tilcara, Culli, Diente de caballo, Frangollo, Garrapata, Harinoso, Marrón, Morocho, Ocho rayas, Peruano harinoso, Pisingallo Tilcara, Tilcara rojo y Tresmesino. Además, esta iniciativa destaca que la mejor forma de conservar los maíces es que sus granos se vuelvan a usar en las comidas tradicionales; que vuelvan a formar parte de la cultura local.
 
Pérdidas y rescates
 
Cámara Hernández, quien falleció en 2016, advertía que los maíces de la región perdían su diversidad debido fundamentalmente a dos causas: las variedades con las que se preparaba cada plato tradicional se reemplazaron por maíces genéricos, al tiempo que se abandonaron las zonas de producción. “Ahora sólo viven niños y ancianos en las áreas altas de producción debido a que las personas de entre 17 y 50 años de edad migraron a las ciudades para trabajar en el rubro de servicios”, señaló Rush.
 
Por su parte, Dassen se refirió a los procesos que ocurrieron en la zona del Pucará: “Hace 100 años, el Centro Universitario Tilcara se convirtió en una sede de la FFyL, a partir de los hallazgos y expediciones arqueológicos de la Facultad. Como no existía un mercado para comprar alimentos, las familias que vivían al pie del Pucará comenzaron a proveer a los investigadores y trabajadores del centro universitario. En ese entonces abundaba la producción de trigo, de papa y de diversos maíces”.
 
 
“Con el paso del tiempo y el crecimiento del mercado local, las quintas se transformaron. Los productores seleccionaron maíces cada vez más grandes y productivos, y fueron dejando de lado esos maíces tan particulares con los que preparaban sus comidas típicas. Hace seis años, los trabajadores nodocentes del sitio arqueológico se interesaron en conservar la diversidad de este cultivo. Con el apoyo del centro universitario, se especializaron en la tarea y comenzaron a intercambiar, multiplicar y guardar semillas. A partir de esto, trabajamos en esta iniciativa con organizaciones campesinas, universidades locales, instituciones como el INTA y cooperativas como la Red Puna”, añadió la investigadora.
 
Por su parte, Rush explicó al sitio de divulgación científica Sobre la Tierra que el rol de la FAUBA en el proyecto va más allá del apoyo técnico. Un equipo de esta Facultad ya viajó a Jujuy para sembrar y reproducir los maíces, y también brindó capacitaciones para cruzar a los individuos de la misma variedad y evitar el intercambio de polen con otras variedades no deseadas. “Nuestra intención es que las semillas se puedan conservar y además estén disponibles para las comunidades, sobre todo para aquellas que les dieron origen. No queremos que sólo queden inmovilizadas en un banco de semillas a miles de kilómetros”.
 
Los bancos de germoplasma
 
Son sitios en donde se guardan semillas en condiciones controladas para conservar la diversidad genética de muchas especies. En general, cuentan con una instancia de almacenamiento del material biológico, una fase para monitorear su envejecimiento y otra en la que se lo multiplicar para rejuvenecerlo y recuperar su poder germinativo.
 
Un colorido abanico de posibilidades
 
En cuanto al futuro del proyecto, Rush indicó: “Que las semillas estén disponibles no garantiza que se comiencen a usar. Hay mucho por hacer en Tilcara, donde existe un gran desarrollo turístico y gastronómico. Entonces, hay una potencialidad enorme para que la región se convierta en un mercado de variedades para los diversos platos locales”.
 
“Usar esos maíces no es una cuestión romántica; apuntamos a incorporarlos a nuestras dietas para mejorarlas nutricionalmente. Por ejemplo, podrían contribuir a cubrir la demanda de personas con sensibilidad al gluten. De hecho, la cooperativa Cauqueva produce fideos del maíz a partir de las variedades Culli (color azul) y Capia blanco. Además, queremos vincular este proyecto con la Feria del Productor al Consumidor de la FAUBA, que tiene llegada a una base gigante de consumidores”, comentó entusiasmado.
 
“Esperamos que este trabajo en red crezca e incluya a otros actores de la zona. El aporte de ambas facultades contribuye a construir conocimientos específicos para responder a las demandas de las comunidades. Con la declaración de la Quebrada de Humahuaca como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, desde la UBA podemos generar proyectos relacionados al cuidado del patrimonio cultural en la región. En este sentido, la preservación de maíces nativos es de gran aporte y abre muchas posibilidades”, finalizó Dassen.




Fuente: (Universidad de Buenos Aires)

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